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| Este libro no cuenta ningún cuento pero
sí tiene protagonistas. Los personajes no son el tal Ramón empeñado en rimar rimas ni
la princesa de los garbanzos. No. Este libro trata de letras y palabras. Letras y palabras
que juegan a combinarse. Un juego al que te invitamos a participar. Veamos: ¿has pensado
alguna vez en las palabras que más te gustan? ¿Y las que menos? ¿Te has fijado en que
contemplada en un espejo la letra m sigue siendo m y en cambio la letra b
se convierte en d...? Las palabras nombran las cosas y nos permiten imaginarlas sin
representarlas tal como son. Sí estarían representadas tal cual en los dibujos y
fotografías de un libro científico. Aunque lo más corriente es que un dibujante
represente las cosas no como son sino como él quiere que sean. ¿No es estupendo? Cada
cual puede ver la realidad según le plazca. Y para terminar, un secreto: los poetas
quieren volar, ver el mundo desde arriba, lo más alto posible, que sus palabras suenen
como notas musicales, como trinos. Los poetas quieren ser pájaros.
"El bosque de mi abecedario es una cuidada selección de poemas destinados a lectores infantiles, pero no sólo a ellos. Son versos para leer y que te lean, combinan el lirismo y la hondura de la poesía de siempre con el ritmo de los juegos y canciones de la infancia. Ha sido ilustrado por el reconocido artista Miguel Calatayud y se edita bajo el sello de la editorial Diálogo, con una apuesta importante por los álbumes ilustrados en la nueva y selecta colección Diálogo infantil. Pedro Villar compagina la docencia, donde ha desarrollado experiencias didácticas en el ámbito de la poesía, con la escritura. Ha publicado los libros de poemas Desde la luz y la sombra (Ayto. de Almansa, 1991) y Luz en el laberinto (Aguaclara, Alicante, 1995). Fue seleccionado en las antologías Escrito en Alicante (Diputación Provincial, 1986) y Alimentando lluvias, una antología (Inst. Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, 2001). Su pasión por la poesía se debe, en parte, a la sensación de añoranza, de pérdida, al impulso de regresar a ese territorio donde fue niño y recuperar los juegos, los cantos, las palabras escritas en las tapias y el olor a tierra mojada. Por eso vuelve de vez en cuando al lugar donde nació, recorre sus calles, los jardines, el patio de la escuela, y busca entre los versos las canciones de su madre, las palabras dulces de su abuelo y un caballo de cartón que desapareció de la terraza una noche de lluvia. |
A veces las palabras juegan a ser poemas
y danzan como las golondrinas.

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A pisarlos charcos a tocar el cielo, a mirar las nubes dentro de un espejo. Vamos muy deprisa hay agua en la calle, a pisar los charcos que no falte nadie. Bailan las estrellas en el firmamento, reflejo en el agua, corazón abierto. |

Miguel Calatayud y Pedro Villar, autores del libro (Huerta de Valencia, octubre 2002)